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Relato de una condena

24 enero, 2017
relatos de una condena

Aquel viernes amanecimos sin poder querernos más,

sin duda, el mejor momento de mi vida.

La regalé un beso diferente que yo mismo inventé,

ella y sus caricias en mi espalda.

Desayunamos café y nuestro abrazo de cinco segundos eternos.

Quedamos para comer en nuestro restaurante favorito,

siempre puntuales como los puntos suspensivos.

Éramos clientes habituales de aquel sitio.

Nuestra mesa al fondo, mantel rojo y dos velas como testigo.

Empezamos a beber eligiendo un buen vino,

nos subió enseguida a la cabeza pero seguimos.

Acabamos de comer y por sentado también la botella.

Dos gintonics preparados por favor,

veía sus pequeñas manos como agarraba la copa y mi futuro.

Nos fuimos a un irlandés cerca de allí,

donde pudimos reír a carcajadas, las lágrimas caían orientadas a la felicidad.

Reconozco que se nos fue de las manos,

me dijo cogemos un taxi,

le dije que podía conducir.

Lo siguiente que recuerdo fue despertarme en una cama desconocida, me di cuenta que algo pasaba,

pregunté por ella a una enfermera y con rostro serio me dijo lo siento.

Y lloré, lloré tanto que no podía creer, nunca más amanecería con ella.

Sentí como si me quitasen de golpe una vida, mi vida.

Han pasado dos años y aquí estoy,

relatando la historia de mi mayor condena, el no poder dejar de pensar en ello, en ella.

Que la gente tome conciencia y nunca piense que a ellos no les puede pasar,

nunca conduzcas si has bebido,

nunca retes al destino de la felicidad.

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